EL LINCE Y EL BÚHO, HERMANOS SEPARADOS AL NACER.

Ilustración de la saga “Fauna Ibérica”, de Félix Rodríguez de la Fuente.

      Uno camina y otro vuela, ambos son sigilosos al desplazarse. El Doctor Félix Rodríguez de la Fuente siempre hablaba de la similitud que presentan estos dos individuos tanto sobre su morfología como en su etología.

      Físicamente son de colores parduzcos, les sirve para camuflarse. Tienen, en sus respectivos pelaje y plumaje, unas manchas estriadas oscuras y en la cabeza, unas prolongaciones denominadas “pinceles”, como decoración. Para poder atrapar a las presas, utilizan sus afiladas garras. En el caso del lince estas son retráctiles, lo que quiere decir que se encuentran enfundadas hasta el momento de abalanzarse sobre su presa, mientras que el búho las tiene permanentes, porque tienen otros usos, tales como poder agarrarse a una rama del árbol.

     Sus habilidades son muy parecidas. Los dos son depredadores, se alimentan especialmente de fauna pequeña. Su vista es infalible. Pero cabe destacar que el búho tiene la capacidad de girar la cabeza hasta 270 grados para divisar a su objetivo. Los ecosistemas donde habitan son amplios montes cerrados por gran vegetación.

     Fijándonos en todas estas características, parece que han sido separados al nacer. Hace 30 años se pensaba que estos seres se acabarían extinguiendo, pero gracias a la increíble labor de concienciación que ejerció el naturalista de Poza de la Sal, ahora podemos decir que este felino ha llegado andando hasta el otro extremo del país y que hay muchos “grandes duques” surcando nuestros cielos.

Texto publicado por Jesús Gil Morión

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