5 de marzo de 1980 – 40º Aniversario del discurso más importante de Félix

NOTA DE PRENSA
(Con el ruego de su difusión)

(NOTA: Las imágenes que acompañan a esta carta, enviada a periodistas de forma personalizada para su publicación en medios de comunicación, no son nuestras y están sujetas a derechos de autor, de modo que quien quiera publicarlas debe ponerse en contacto con el autor de las mismas)

La idea de la necesidad de un cambio de paradigma en lo ideológico, a nivel planetario, fue el discurso más importante que pronunció Félix Rodríguez de la Fuente.

Lo dio el 5 de marzo de 1980. El mensaje no era solamente suyo. Expresaba y sintetizaba lo que decía la Estrategia Mundial para la Naturaleza de la UICN, del PNUMA y del WWF, que le encargaron presentar.

Los Reyes de España, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, varios ministros, subsecretarios y directores generales de medio ambiente y de la conservación de la naturaleza, ocupaban aquella mañana una larga mesa vestida de gala que llenaba el escenario del inmenso salón de actos del Centro de la Villa, en la madrileña plaza de Colón. Pero lo que era más impresionante aún, en sesenta países había en aquel momento otras sesenta mesas como aquella, muchas de ellas también con Jefes de Estado y presidentes de Gobierno presidiéndolas y escuchando cómo se presentaba el mismo documento.

Entre el público, mucha gente importante. Prestigiosos científicos y académicos, altos cargos y técnicos relacionados con la naturaleza, representantes parlamentarios de los principales partidos políticos, destacados representantes de las finanzas, el mundo empresarial, intelectuales y periodistas, entre ellos un servidor. La sala estaba repleta. Se escenificaba con solemnidad y boato al más alto nivel un acto que Naciones Unidas, varios gobiernos, así como las casas reales británica, holandesa y española y un relevante grupo de empresarios de Londres, Suiza y otros países –promotores del WWF, la UICN y el PNUMA– habían puesto empeño en que no pasara desapercibido.

Un documento apoyado desde los Estados Unidos por su presidente Jimmy Carter a la presidenta de la India Indira Gandhi pasando por los gobiernos de los setenta países más importantes de la Tierra. La carpeta con el informe completo había sido cuidadosamente impresa en Suiza en los tres idiomas principales de los cónclaves internacionales, inglés, francés y español

Félix Rodríguez de la Fuente, a la izq en la foto, en una rueda de prensa de Adena/WWF – España en 1967.

Se trataba de una Estrategia elaborada por especialistas de todo el mundo en varios años de trabajo. Era la respuesta internacional a la hoja de ruta solicitada por los gobiernos que se reunieron en 1972 en la primera Conferencia Mundial de Medio Ambiente de Naciones Unidas, celebrada en Estocolmo. Allí se inició el camino que veinte años después llevó a la conferencia de Río, con la que se consolidó el proceso, en un acto similar al del 5 de marzo de 1980. Aquel año no se reunieron en un mismo punto los Jefes de Estado para declarar solemnemente su compromiso de querer evitar el desastre ecológico del Planeta, como hicieron en Río en 1992, sino que se decidió que los representantes de los gobiernos que habían suscrito el documento lo presentaran el mismo día ante dirigentes y medios de comunicación de cada país.

En España, tras unas palabras del Rey, el discurso corrió a cargo de Félix Rodríguez de la Fuente. Fue una conferencia brillante. Se lo pusieron fácil con el tema. El contenido de la estrategia portaba un mensaje trascendente. Venía a decir que la degradación de la naturaleza en el mundo no se podía arreglar si no se modificaba el modelo de desarrollo. Se pedía que lo mismo que los conservacionistas planteaban un cambio de paradigma con aquella estrategia, buscando aunar fuerzas con el mundo rural y con los pueblos primitivos que convivían con la naturaleza y que hasta entonces habían sido marginados o ignorados, el resto de políticas sectoriales, como la lucha contra la pobreza, la dignificación y el emponderamiento de la mujer, las políticas de producción y consumo de energía, de infraestructuras o de expansión industrial, debían ser revisadas en profundidad y ser motivo de estrategias mundiales similares. 

En los años siguientes el comité de seguimiento de la Estrategia, con sede en Suiza, verificó que esas otras estrategias paralelas que se esperaba que surgirían al calor de la ambiental, no estaban siendo impulsadas. 

Se decidió entonces redactar una segunda Estrategia Mundial, que fue presentada en 1990. Ese segundo esfuerzo del WWF, la UICN y el PNUMA pasó a ser la base de la tercera Conferencia de Medio Ambiente de Naciones Unidas, celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992, donde se incorporaron muchos otros sectores. 

Fue la asamblea magna de la conferencia de Río la que entró en la historia como el gran esfuerzo de los gobiernos del mundo por emprender un nuevo rumbo en el Planeta. De ella derivaron los convenios sobre el Cambio Climático y el de la Biodiversidad, entre otros acuerdos que han logrado avances sustanciales, aunque lejos de los que se necesitan para que desaparezcan los peligros derivados del actual modelo de desarrollo.

En 1980, el Gobierno español encomendó a la CIMA, la Comisión Interministerial del Medio Ambiente, que coordinara la elaboración de la estrategia nacional entre los diferentes ministerios. Pero todo quedó en papel mojado. 

El solemne acto no supuso el inicio de algo nuevo sino más bien el final de un periodo, enterrado para siempre, guardado en un cajón y del que nunca más se supo, ni nadie quiso saber nada, excepto para mencionar sus principios en los discursos y para perjurar al decir sin sonrojo que seguía inspirando las políticas de ministerios y comunidades autónomas.

¿Cómo pudo ocurrir semejante dislate, después de una presentación en la que las más altas instancias del país declararon su voluntad de dar los pasos necesarios para aplicar dicha estrategia? 

Los motivos por los que nunca prosperó fueron varios. El más señalado, que tres de los que hubieran podido ser sus principales impulsores y valedores, estaban aquel 5 de marzo de 1980 en uno de sus últimos actos. El ex ministro de Obras Públicas que había asumido en su cartera los temas ambientales, Joaquín Garrigues, que por su inteligencia y talante era la esperanza política para sustituir a Suárez, moría al año siguiente, víctima de un cáncer que se lo llevó en pocos meses. El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, dimitió poco después. Con ellos se acabaron los visionarios capaces de liderar un estilo de hacer política en el que todo era posible. 

Pero lo que de verdad puso final a esa época, de entusiasmo soñador y voluntad de cambio en lo ambiental fue que, diez días después de aquel discurso, en el que se anunciaba la estrategia que debía producir la gran renovación, moría el que la había presentado y el que la podría haber llevado a buen puerto. 

La anunciada vuelta de aquel viaje que emprendería días después, tras el cual se concentraría en plantear el cambio de paradigma del modelo de desarrollo, no se produjo. 

Nueve días después de aquel histórico acto moría Félix Rodríguez de la Fuente.

Texto de BV en la edición impresa del diario El País del Jueves, 6 de marzo de 1980 sobre el acto de la Estrategia Mundial de UICN/WWF/PNUMA:
https://elpais.com/diario/1980/03/06/sociedad/321145208_850215.html

Extracto de la biografía «Félix Rodríguez de la Fuente» escrita por Benigno Varillas. 2ª Edición, 2020. 538 pp. 16 x 24 cm. PVP: 24.80 € Disponible en www.elcarabo.com