Ataques a Odile Rodríguez de la Fuente que evidencian incapacidad para debatir sobre el lobo

He dejado pasar unos días, tras leer en Twitter descalificaciones contra Odile Rodríguez de la Fuente por opinar que controlar lobos allí donde realizan daños puede evitar más el que se les mate de forma furtiva, que pidiendo se los proteja de forma generalizada.

Esperé, a ver si algún dirigente conservacionista decía algo, y pulsar el alcance de las redes sociales y/o la capacidad de estar a la altura del momento. No he visto reacción por parte de ninguno. Espero que sea porque no lo vi, o por la fecha de Semana Santa.

Esos insultos manifiestan que los conservacionistas no sabemos aún dialogar y es importante que lo hagamos, porque esto podrá cambiar cuando la mayoría de la sociedad opine que es necesario y, para ello, hay que exponer argumentos y convencer, nunca insultar, porque, además de que los argumentos del contrario pueden tener su fundamento, y hay que escucharlo, y asimilarlo, incluso cuando no lo tiene, tampoco hay que descalificar con insultos nunca a nadie.

La postura de Odile es la que defendieron en 1986 los expertos que estaban a favor del lobo –como me consta lo está ella, y otros que piensan como ella, a pesar de que a algunos les rechine esta visión– cuando entramos en la Unión Europea y se  temía que una protección total derivara en una mayor persecución ilegal. Y tiene su fundamento, aunque quepa rebatirlo a fecha de hoy, pero sin insultar o descalificar a nadie. Ya el primer paso en 1970 para frenar la persecución fue pasar de considerarlo alimaña, lo que permitía matar a todo carnívoro hasta su extinción, a considerar al lobo especie cinegética, sujeta a un cupo y cazado, en teoría, ya solo en una época del año, permitiéndole criar, al menos sobre el papel, que algo fue algo, en aquel momento aciago.

En esa polémica contra Odile en Twitter del pasado fin de semana, recogida por https://cazaworld.com/blog/odile-rodriguez-la-fuente-los-pies-al-interesado-lobo-marley/, se blandió un artículo que escribí en este blog en abril de 2017, bajo el título: http://www.wildspain.org/felixrodriguezdelafuente/2017/04/15/era-felix-rodriguez-de-la-fuente-partidario-de-matar-lobos/ en el que doy mi opinión, a partir de datos que he recogido en la obra de Félix, para pensar –y puedo equivocarme, pero que quien me contradiga que aporte también sus datos cuando lo debatamos, no solo intuiciones– de que Félix Rodríguez de la Fuente admitió que se mataran lobos, lo mismo que otras de sus declaraciones sobre la política foretal, la caza comercializada, las religiones y muchas otras cuestiones, por lo imposible que era en aquel momento decir otra cosa, no porque, en el caso del lobo, pensara que ceder a que se le mate fuera la solución a largo plazo, para siempre.

Hoy, 45 años después de la polémica de 1973, pasado casi medio siglo, podemos debatir si la situación ha cambiado, y cabe pensar en otro escenario, como no, pero sin necesidad de peleas, ni siquiera con los ganaderos o los cazadores de escopeta, entre los que abundan también lo que tienen el insulto fácil, sino con argumentos y datos que pongan sobre la mesa  qué estamos haciendo con nuestros recursos, impuestos y demás cosas que tenemos en el cesto común de todos y no son de nadie en particular.

Al final será el futuro de esta sociedad lo que importe. Los jóvenes deben poder reinventarlo todo, si se ve necesario, y no que sus mayores nos aferremos a nuestros privilegios, o al manido “siempre fue así”, olvidando que ese “siempre” remonta a 6.000 años, en los que al ser humano nos entró la fiebre de querer crecer ilimitadamente en un mundo limitado. Pero antes, y durante 300.000 años, fue de otra manera.

Ese es el debate, no el lobo. El lobo solo tiene importancia porque simboliza las dos caras de una misma especie: la del pacto con Lo Libre, que nos hizo perdurar 300.000 años como especie, o la persecución de Lo Libre, que llevamos practicando desde hace tan solo 6.000 años con un modelo que en 2008 entró en crisis sistémica y pide un cambio de paradigma urgente y radical. Vaya que si tenemos que ser radicales.

El Neolítico debe acabarse y dar paso a una nueva era, ya mismo, o la nueva era empezará, por su cuenta, pero sin nosotros. Nuestros hijos no nos lo perdonarán, desde luego, cuando sufran el derrumbe de lo que algunos se empecinan en mantener como si aquí no estuviera pasando nada. No soy catastrofista ni apocalíptico, sino optimista. Creo en el hombre, pero no en el hombre neolítico, que todo el mundo confunde con el hombre de “El Hombre y la Tierra”. Ese “hombre” se refería a uno que está por llegar, y tiene mucho que ver con el que éramos antes de la fiebre neolítica. Podemos discutirlo. Tengo argumentos. Tu prepara los tuyos y que decida la mayoría de los que escuchen todo los que se planteen para que la sociedad decida y vote. Pero no insultes.

El Debate de la Nación ha comenzado, sin políticos ni parlamentos decimonónicos que nos llevan a la ruina desviando nuestra atención con verdaderas tonterías.