FAPAS: “¡Elimina en mi nombre un eucalipto del paisaje cantábrico! ¡Ya!

por Benigno Varillas

Desde el confort de mi casa he pagado esta mañana, vía PayPal (también puedes hacerlo con tarjeta), para que FAPAS elimine en mi nombre un eucalipto del paisaje cantábrico por tan solo 21 euros. ¿A qué esperas para hacer lo mismo?. Entra en: https://www.fapas.es/colaboras/ y haz un ecotaje como los de antes sin despeinarte.

Mi primera salida de naturalista al campo fue en 1970 con Roberto Hartasánchez. Teníamos ambos 16 años y acabábamos de conocernos semanas antes. Fuimos andando desde Gijón, donde vivíamos, hasta el monte Deva, a unos 6 o 7 kilómetros de distancia. Cruzado el río Piles, dejamos atrás las últimas casas de la entonces pequeña ciudad. Empezamos a caminar por caleyes. Cruzábamos prados bordeados de avellanos, sahúcos, castaños, laureles, espinos, nogales y robles, entre una gran variedad de plantas en los setos de los linderos. A veces se abrían y formaban pequeños bosquetes. Era el paisaje en mosaico de la campiña asturiana. Pero a media altura el bucólico paseo se interrumpió. Entre rodadas de grandes bulldozer y tanquetas, alineados como un ejército prusiano, unas filas interminables de arbolillos de color verdeazulado, que apenas levantaban un metro más que nosotros, se extendían ante nuestros ojos.

Inesperadamente, Roberto se quitó la mochila, sacó un hacha de mano y empezó a dar tajos a los arbolillos doblándolos a la mitad, dejando la guía apuntando al suelo. Puse cara de asombro y, entonces, como cuando pescabas a otro niño fumando, me ofreció el arma de guerra y me dijo: “Venga, corta tú también”. Debí dudar. ¿Cómo iba yo a cortar un árbol? o tal vez pensara en que tendrían dueño, y  el respeto por la propiedad privada se inculca hasta para los que demuestran no merecerlo, por destruir lo que otrora fue de todos, la Tierra.

“No plantan bosques, plantan cultivos, de eucaliptos”, me dijo con rabia arrebatándome el hacha y volviendo a dar hachazos a diestra y siniestra. “Con la de robles que había antes aquí, que los han talado para poner estos cultivos” gritaba mientras seguía eliminando plantas invasoras.

Cogí el hacha. La clavé a media altura del eucalipto más cercano. La savia brotó por la hendidura como sangre lechosa. Doblé la punta hasta que tocó suelo. Luego otro y otro. Fue mi primer acto de rebeldía. Mi primer sabotaje a la domesticación del patriarcado neolítico encarnado en los curas que dominaban la vida pública y la Guardia Civil del franquismo, que nos aplicaba cada poco el “Estado de Excepción” a los moradores de Asturias.

Los cultivos de eucaliptos empezaron a destruir la campiña justo por aquellas fechas. Cambiaron el paisaje de la cornisa del mar Cantábrico y arrebataron la identidad a sus habitantes. Hay zonas donde los eucaliptos ya no son rentables. Y Roberto ha vuelto a desenfundar su “arma de guerra” para acabar con ellos. Pero ahora ya no es una pequeña hacha, sino la todopoderosa FAPAS, con toda su maquinaria de orugas, taladradoras, tractores y equipo humano, dispuesta a limpiar el paisaje de vegetación invasora. Colabora, merece la pena. Los robles y ls encinas costeras de las playas cantábricas te lo agradecerán, y tu también, cuando vayas por allí y veas el paisaje restaurado de la España primigenia.

 

Más información:

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